Los casos de “antigitanismo” que se registran son “la punta del iceberg”
Los 348 casos de "antigitanismo" que la Fundación Secretariado Gitano ha detectado en España "son solo la punta del iceberg". Según dos informes anuales que la organización ha presentado este jueves, correspondientes a 2014 y 2015, la discriminación que sufre este colectivo es tan generalizada que la mayoría no se denuncia debido a que "ni el mismo gitano es consciente" de ella y "la considera normal" y porque "desconoce sus derechos".
La población gitana se enfrenta a situaciones discriminatorias diarias "en ámbitos como los medios de comunicación y redes sociales, el empleo, la vivienda, el acceso a bienes y servicios o en la educación", ha especificado el director de la organización, Isidro Rodríguez.
Los estudios han computado 121 casos de discriminación en medios de comunicación e Internet, 53 relacionados con el empleo, 29 en el ámbito de la vivienda, así como 50 casos que atentan contra la dignidad y potencian el odio hacia el pueblo gitano. Del total de casos registrados, 232 fueron casos colectivos y 116 individuales; en total, han afectado a 669 personas.
La discriminación por la raza de cada persona, desgraciadamente incomoda a la gente y es un prejuicio a la hora de contratar a una persona o en el entorno laboral.
La discriminación s considera también acoso porque eso puede crear varios traumas a las víctimas, daños psicológicos y hasta en algunos existe la violencia física. Hay que acabar con todas estas situaciones. Todos tenemos derecho a trabajar de forma cómoda y tranquila para realizar nuestro trabajo en condiciones y felices.
domingo, 26 de junio de 2016
Crecen los reclamos por estrés que terminan en condenas a empresas y a directivos
En una nueva sentencia, en línea con la tendencia de los tribunales, la Cámara laboral ordenó resarcir a una empleada que fue insultada por su jefe, situación que le produjo depresión y angustia. Además, la aseguradora deberá responder hasta el tope del monto contratado. Los detalles del caso.
En este escenario, cada vez más empleados se ven en la necesidad de recurrir a los tribunales para reclamar un resarcimiento por el padecimiento de esta enfermedad.
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| De hecho, expertos consultados por Profesionales afirman que, a raíz de ello, día a día crece el número de condenas que recaen tanto sobre las ART como sobre los empleadores. Y, al ritmo del incremento en las demandas presentadas, aumenta también la preocupación de las compañías aseguradoras y de las empresas. Más aún si se tiene en cuenta que, según la Sociedad de Medicina del Trabajo de la Provincia de Buenos Aires (SMTBA), el estrés es uno de los riesgos psicosociales que más afecta a los dependientes.
Así las cosas, también vale mencionar que existenotras dolencias recurrentes que padecen los dependientes que tampoco son reconocidas -conforme al referido listado- a los fines de unaindemnización. En cambio algunas como las hernias, várices y lumbalgias fueron contempladas hace poco tiempo luego de que el Consejo Consultivo Permanente -intregrado por empleadores, sindicatos, aseguradoras y el Ministerio de Trabajo- acordara su incorporación.Esta medida se oficializó hace pocos días con su incorporación en el Boletín Oficial. Entre las excluidas todavía se destaca el estrés laboral, pese a que es tan común en estos tiempos.
El estrés no se considera enfermedad laboral pero he de decir que muchos episodios d estrés pueden provocar a la largas graves enfermedades y afectar en la vida de una persona tanto personal como laboral. El estrés puede ser provocado en este caso, por casos de violencia o acoso laboral.
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Adimen Investigación realiza el estudio “Situación del acoso sexual y por razón de sexo en el ámbito laboral de la Comunidad Autónoma de Euskadi.”
Se enmarca dentro de un ámbito de especial interés para la Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género Departamento de Interior. Eusko Jaurlaritza / Gobierno Vasco
El acoso sexual laboral viene siendo un campo de análisis al que se atiende de forma esporádica y espaciada, sin duda influenciado por la prevalencia que han venido adquiriendo de otras manifestaciones de violencia contra las mujeres. Pero, a su vez, existe todavía una limitada concienciación respecto al carácter sexista de algunas de las conductas que se producen en este marco laboral de nuestras relaciones sociales
Desde Adimen Investigación diseñamos y realizamos este estudio impulsada por la Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Departamento de Interior de Gobierno Vasco. Los resultados fueron tres entregables: el primero, la investigación aplicada propiamente dicha, efectuando de manera aleatoria un total de 750 cuestionarios telefónicos a un universo de 472.600 mujeres de 16 y más años de edad residentes en Euskadi, tanto ocupadas como desempleadas en un tiempo no superior a los doce meses en el momento de realización del cuestionario. Se establecieron un total de 15 situaciones de acoso sexual, que remiten a tres niveles de acoso (leve, grave y muy grave) y dos tipologías de acoso (técnico y declarado).
El segundo entregable conformó un documento en el que se identifican y desglosan los “recursos existentes” de apoyo en esta materia.
Y el tercero de los entregables se centró en un “análisis jurisdiccional” de las sentencias (en las jurisdicciones social y penal) sobre acoso sexual laboral en Euskadi y el resto del Estado.
El acoso sexual laboral abunda más las mujeres como victimas que los hombres ya que en fuerza física en general son más vulnerables y se aprovechan de ello. La inocencia de las mujeres jóvenes también les atrae y se aprovechan para engañarlas a hacer cosas que no quieren o ponerlas en situaciones embarazosas.
Desde Adimen Investigación diseñamos y realizamos este estudio impulsada por la Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Departamento de Interior de Gobierno Vasco. Los resultados fueron tres entregables: el primero, la investigación aplicada propiamente dicha, efectuando de manera aleatoria un total de 750 cuestionarios telefónicos a un universo de 472.600 mujeres de 16 y más años de edad residentes en Euskadi, tanto ocupadas como desempleadas en un tiempo no superior a los doce meses en el momento de realización del cuestionario. Se establecieron un total de 15 situaciones de acoso sexual, que remiten a tres niveles de acoso (leve, grave y muy grave) y dos tipologías de acoso (técnico y declarado).
El segundo entregable conformó un documento en el que se identifican y desglosan los “recursos existentes” de apoyo en esta materia.
Y el tercero de los entregables se centró en un “análisis jurisdiccional” de las sentencias (en las jurisdicciones social y penal) sobre acoso sexual laboral en Euskadi y el resto del Estado.
El acoso sexual laboral abunda más las mujeres como victimas que los hombres ya que en fuerza física en general son más vulnerables y se aprovechan de ello. La inocencia de las mujeres jóvenes también les atrae y se aprovechan para engañarlas a hacer cosas que no quieren o ponerlas en situaciones embarazosas.
"Todo empezó como una serie de situaciones equívocas. Entrega de informes en su casa. Invitaciones a comer o a reunirse fuera de los horarios de oficina, donde era borroso el límite entre lo laboral y lo personal. Como ella no accedió a sus insinuaciones tuvo que soportar mayor maltrato laboral".
De esta manera resumió el periodista Daniel Coronell el que sería el origen de la complicada relación que el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, estableció con una de sus subalternas más cercanas: la abogada Astrid Cristancho. Una mujer cuyo nombre se hizo público en noviembre del año pasado, cuando los medios de comunicación divulgaron la carta de renuncia que le había presentado al defensor Otálora después de dos años de trabajar con él como su secretaria privada.
"Me encontré desde el principio con una inclemente violencia verbal y sicológica, gritos, zapateos, manoteos, amenazas, pataletas, malos tratos en general. Este comportamiento es denigrante no solo para mí sino para muchos de mis compañeros", señaló en ese momento Astrid Cristancho, mientras notificaba que dejaría de trabajar en la Defensoría del Pueblo el 20 de noviembre de 2015, tal cual ocurrió.
La denuncia que hace este domingo el columnista de Semana, sin embargo, da un paso más adelante en la gravedad de este asunto: Daniel Coronell asegura que la abogada Astrid Cristancho tuvo que soportar no sólo que el defensor Otálora la agrediera verbalmente, sino que, además, la llamaba en las noches a decirle obscenidades e incluso llegó a enviarle fotos totalmente inapropiadas, como una en la que posa desnudo sosteniendo su pene con la mano izquierda.
"Desde luego conozco y tengo más pruebas que proviene de varias fuentes", aseguró Daniel Coronell en su cuenta de Twitter.
Las denuncias contra el defensor del Pueblo comenzaron en septiembre del año pasado, cuando el periodista Juan Diego Restrepo publicó una columna en Semana.com titulada "Maltrato laboral en la defensora del pueblo". Restrepo mencionó, por ejemplo, el caso de Juan Manuel Osorio, delegado para la orientación y asesoría de víctimas del conflicto, quien renunció en estos términos: "Es inconcebible que sea el dignatario con semejantes responsabilidades quien maltrate, como usted lo hace, en público y privado, de manera frecuente y reiterada, a los directivos y colaboradores de la institución". A Osorio, contó el periodista Restrepo, le hicieron cambiar el tono de la renuncia para recibírsela.
Las denuncias se atizaron cuando Daniel Coronell publicó una columna en noviembre pasado haciendo referencia también a los maltratos en la Defensoría. Una semana después de esa columna, se conoció la renuncia de la abogada Astrid Cristancho.
El defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, envió un comunicado de prensa apenas su secretaria privada, Astrid Cristancho, presentó esa carta de renuncia. Señaló que lamentaba mucho la situación, la cual afectaba la imagen de la institución que encabeza. Afirmó que en tres décadas de servicio público nunca había conocido de denuncias o quejas formales en su contra. Y destacó que, al posesionarse como como defensor, él mismo había creado un comité de convivencia para atender eventuales episodios de maltrato interno.
Este perfil de persona acosadora, cuando no son correspondido sus actos son aun más bruscos contra la victima y se vuelve en violencia verbal por no conseguir lo que se propone. Cada vez más brusco contra la víctima. Para la victima salir de ese infierno supone renunciar a su trabajo y recuperarse de los daños psicológicos. Con estas cosas nos damos cuenta de lo que nos puede influir en nuestra vida otra persona, a veces para bien y en este caso para muy mal, incluso cambiar nuestra vida y de trabajo.
De esta manera resumió el periodista Daniel Coronell el que sería el origen de la complicada relación que el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, estableció con una de sus subalternas más cercanas: la abogada Astrid Cristancho. Una mujer cuyo nombre se hizo público en noviembre del año pasado, cuando los medios de comunicación divulgaron la carta de renuncia que le había presentado al defensor Otálora después de dos años de trabajar con él como su secretaria privada.
"Me encontré desde el principio con una inclemente violencia verbal y sicológica, gritos, zapateos, manoteos, amenazas, pataletas, malos tratos en general. Este comportamiento es denigrante no solo para mí sino para muchos de mis compañeros", señaló en ese momento Astrid Cristancho, mientras notificaba que dejaría de trabajar en la Defensoría del Pueblo el 20 de noviembre de 2015, tal cual ocurrió.
"Desde luego conozco y tengo más pruebas que proviene de varias fuentes", aseguró Daniel Coronell en su cuenta de Twitter.
Las denuncias contra el defensor del Pueblo comenzaron en septiembre del año pasado, cuando el periodista Juan Diego Restrepo publicó una columna en Semana.com titulada "Maltrato laboral en la defensora del pueblo". Restrepo mencionó, por ejemplo, el caso de Juan Manuel Osorio, delegado para la orientación y asesoría de víctimas del conflicto, quien renunció en estos términos: "Es inconcebible que sea el dignatario con semejantes responsabilidades quien maltrate, como usted lo hace, en público y privado, de manera frecuente y reiterada, a los directivos y colaboradores de la institución". A Osorio, contó el periodista Restrepo, le hicieron cambiar el tono de la renuncia para recibírsela.
Las denuncias se atizaron cuando Daniel Coronell publicó una columna en noviembre pasado haciendo referencia también a los maltratos en la Defensoría. Una semana después de esa columna, se conoció la renuncia de la abogada Astrid Cristancho.
El defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, envió un comunicado de prensa apenas su secretaria privada, Astrid Cristancho, presentó esa carta de renuncia. Señaló que lamentaba mucho la situación, la cual afectaba la imagen de la institución que encabeza. Afirmó que en tres décadas de servicio público nunca había conocido de denuncias o quejas formales en su contra. Y destacó que, al posesionarse como como defensor, él mismo había creado un comité de convivencia para atender eventuales episodios de maltrato interno.
Este perfil de persona acosadora, cuando no son correspondido sus actos son aun más bruscos contra la victima y se vuelve en violencia verbal por no conseguir lo que se propone. Cada vez más brusco contra la víctima. Para la victima salir de ese infierno supone renunciar a su trabajo y recuperarse de los daños psicológicos. Con estas cosas nos damos cuenta de lo que nos puede influir en nuestra vida otra persona, a veces para bien y en este caso para muy mal, incluso cambiar nuestra vida y de trabajo.
Una de cada cinco empleadas en Japón es víctima de maltrato durante el embarazo
Cerca del 29% de empleadas japonesas dicen haber sufrido alguna forma de sexismo y el 21,4% haber sido maltratadas en la empresa durante su embarazo, según un estudio encargado por el ministerio de Trabajo y Salud.
Aunque el significado de la palabra japonesa "sekuhara" (acoso sexual) es mucho más extenso en Japón que en Europa (una invitación a cenar de un superior puede ser considerado como tal), los datos muestran que las ideas machistas, tendenciosas o demasiado relacionadas con la vida privada constituyen un verdadero problema para las mujeres en las empresas. La situación es más grave aún teniendo en cuenta que dos tercios de las víctimas no se atreven a denunciar los hechos.
El estudio, cuyos resultados acaban de publicarse, fue llevado a cabo el pasado otoño consultando 4.654 empleadas de 1.711 empresas, y completado por un estudio en internet con más de 5.000 respuestas. Todas las mujeres que participaron en el estudio tenían edades comprendidas entre 25 y 44 años.
Cerca de un tercio de las mujeres se quejan de haber tenido que soportar toqueteos y/o invitaciones inapropiadas (incluso proposiciones de relaciones sexuales), comentarios con alusiones a la sexualidad, fotografías indecentes expuestas en el lugar de trabajo, preguntas sobre la intimidad...
Por otro lado, más de una mujer embarazada de cada cinco sufre maltrato moral o físico por parte de sus superiores o compañeros en el trabajo.
Este fenómeno se llama "matahara" (acoso relacionado con la maternidad) y supone una razón importante de interrupción en el trabajo antes del nacimiento del niño o incluso puede degenerar en accidentes (abortos espontáneos, nacimiento prematuro).
El daño en estas mujeres es tanto físico como moral y encima en su estado de embarazo. Esto a parte de provocarle a ellas unos daños en su vida, su vida laboral y su estado físico, también puede afectarles al bebé.
Cerca del 29% de empleadas japonesas dicen haber sufrido alguna forma de sexismo y el 21,4% haber sido maltratadas en la empresa durante su embarazo, según un estudio encargado por el ministerio de Trabajo y Salud.
Aunque el significado de la palabra japonesa "sekuhara" (acoso sexual) es mucho más extenso en Japón que en Europa (una invitación a cenar de un superior puede ser considerado como tal), los datos muestran que las ideas machistas, tendenciosas o demasiado relacionadas con la vida privada constituyen un verdadero problema para las mujeres en las empresas. La situación es más grave aún teniendo en cuenta que dos tercios de las víctimas no se atreven a denunciar los hechos.
El estudio, cuyos resultados acaban de publicarse, fue llevado a cabo el pasado otoño consultando 4.654 empleadas de 1.711 empresas, y completado por un estudio en internet con más de 5.000 respuestas. Todas las mujeres que participaron en el estudio tenían edades comprendidas entre 25 y 44 años.
Cerca de un tercio de las mujeres se quejan de haber tenido que soportar toqueteos y/o invitaciones inapropiadas (incluso proposiciones de relaciones sexuales), comentarios con alusiones a la sexualidad, fotografías indecentes expuestas en el lugar de trabajo, preguntas sobre la intimidad...
Por otro lado, más de una mujer embarazada de cada cinco sufre maltrato moral o físico por parte de sus superiores o compañeros en el trabajo.
Este fenómeno se llama "matahara" (acoso relacionado con la maternidad) y supone una razón importante de interrupción en el trabajo antes del nacimiento del niño o incluso puede degenerar en accidentes (abortos espontáneos, nacimiento prematuro).
El daño en estas mujeres es tanto físico como moral y encima en su estado de embarazo. Esto a parte de provocarle a ellas unos daños en su vida, su vida laboral y su estado físico, también puede afectarles al bebé.
Profesor de la U. de los Andes, despedido por acoso laboral
En una decisión sin precedentes, la Universidad de los Andes desvinculó a uno de sus más reconocidos profesores luego de que se comprobara que había sido el responsable de un caso de acoso laboral. Se trata de Hermes Tovar, historiador de la U. Nacional y Ph.D en Historia del St. Antony’s College (U. de Oxford, Inglaterra).
Según dijo en Blu Radio Eduardo Behrentz, Vicerrector de Desarrollo de Los Andes, la desvinculación se hizo afectiva este miércoles 15 de junio, después de estudiar el caso detalladamente. La queja, aseguró, la presentó Sandra Yáñez, asistente de investigación, ante la facultad de Economía el 26 de abril de 2016 y después de eso “se activó el protocolo que tiene la Universidad para estos casos”.
Luego de tomar pruebas, recoger testimonios y garantizar el debido proceso al docente y su derecho a la defensa, el 8 de junio se tomó la decisión de desvincularlo por justa causa. Decisión que se hizo efectiva siete días después.
Behrentz resaltó que el despido de Tovar se dio por acoso laboral y todo el proceso se dio en el marco de ese concepto que, en palabras simples, implica actos hostiles en un ámbito laboral que provocan problemas psicológicos y profesionales. En términos resumidos, la afectada mostró ejemplos de exceso de trabajo y malos tratos a la hora hacer reuniones académicas. (Lea En qué consiste el acoso laboral)
En la queja, de acuerdo con algunas versiones, Tovar también incurrió en acoso sexual. Le tocó los senos a Yáñez luego de una reunión llevada a cabo el 25 de abril.
Tovar tiene 74 años y fue profesor director del Departamento de Historia de la Universidad Nacional. Su campo de estudio ha sido diverso pero esencialmente se ha dedicado, como se lee en su página web, a analizar la economía colonial en Colombia y América Latina. Entre sus libros se encuentran “El movimiento campesino en Colombia Durante los siglos XIX y XX” (1975) y “Que nos tengan en cuenta: colonos, empresarios y aldeas, Colombia 1800-1900” (Premio Nacional de Historia 1994).
Aunque no se porqués daños físicos, a veces son igual o más dramáticos los daños psicológicos y profesionales como en este caso. Tienes que cambiar tu vida por culpa de otro que se dedica a destruir el autoestima y vida de las personas. Las victimas necesitan un periodo de recuperación porque aunque no haya daño físico, también requiere reposo el daño psicológico y en algunos caso se puede hacer incluso reparable dependiendo de la persona y el nivel del daño producido.
En una decisión sin precedentes, la Universidad de los Andes desvinculó a uno de sus más reconocidos profesores luego de que se comprobara que había sido el responsable de un caso de acoso laboral. Se trata de Hermes Tovar, historiador de la U. Nacional y Ph.D en Historia del St. Antony’s College (U. de Oxford, Inglaterra).
Según dijo en Blu Radio Eduardo Behrentz, Vicerrector de Desarrollo de Los Andes, la desvinculación se hizo afectiva este miércoles 15 de junio, después de estudiar el caso detalladamente. La queja, aseguró, la presentó Sandra Yáñez, asistente de investigación, ante la facultad de Economía el 26 de abril de 2016 y después de eso “se activó el protocolo que tiene la Universidad para estos casos”.
Luego de tomar pruebas, recoger testimonios y garantizar el debido proceso al docente y su derecho a la defensa, el 8 de junio se tomó la decisión de desvincularlo por justa causa. Decisión que se hizo efectiva siete días después.
Behrentz resaltó que el despido de Tovar se dio por acoso laboral y todo el proceso se dio en el marco de ese concepto que, en palabras simples, implica actos hostiles en un ámbito laboral que provocan problemas psicológicos y profesionales. En términos resumidos, la afectada mostró ejemplos de exceso de trabajo y malos tratos a la hora hacer reuniones académicas. (Lea En qué consiste el acoso laboral)
En la queja, de acuerdo con algunas versiones, Tovar también incurrió en acoso sexual. Le tocó los senos a Yáñez luego de una reunión llevada a cabo el 25 de abril.
Tovar tiene 74 años y fue profesor director del Departamento de Historia de la Universidad Nacional. Su campo de estudio ha sido diverso pero esencialmente se ha dedicado, como se lee en su página web, a analizar la economía colonial en Colombia y América Latina. Entre sus libros se encuentran “El movimiento campesino en Colombia Durante los siglos XIX y XX” (1975) y “Que nos tengan en cuenta: colonos, empresarios y aldeas, Colombia 1800-1900” (Premio Nacional de Historia 1994).
Aunque no se porqués daños físicos, a veces son igual o más dramáticos los daños psicológicos y profesionales como en este caso. Tienes que cambiar tu vida por culpa de otro que se dedica a destruir el autoestima y vida de las personas. Las victimas necesitan un periodo de recuperación porque aunque no haya daño físico, también requiere reposo el daño psicológico y en algunos caso se puede hacer incluso reparable dependiendo de la persona y el nivel del daño producido.
miércoles, 22 de junio de 2016
"Gorda, gilipollas": la exjefa de violencia de género de Sevilla será juzgada por acoso
La Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Sevilla ha ordenado al Juzgado de Instrucción número 1 de la capital hispalense que concluya la instrucción que se sigue contra la exjefa del grupo antiviolencia de género de la Policía Local, María Luisa F. G., y proponga juzgarla por un delito contra la integridad moral de sus subordinados.
El alto tribunal sevillano considera que de lo instruido hasta el momento se infiere que "indiciariamente" la apelada, responsable del denominado grupo Diana, "denegaba permisos sin razón objetiva alguna" a sus subordinados y les ocultaba "la celebración de cursos necesarios para realizar su trabajo relativo a la violencia contra la mujer". A una agente, relata la Audiencia Provincial, la llamó "floja", le "tiró los papeles despectivamente a la mesa recriminándole su forma de trabajar" y que "llevara una falda corta".
A otro funcionario también le arrojó los papeles sobre la mesa y le mandó vía móvil mensajes del tipo "lengua de doble filo, garganta que corta" o "puntilla que sobresale, zapatero que recibe". A un tercero, continúa la Sección Séptima, le criticó "de manera áspera" su modo de trabajar. Le dijo que "no se enteraba de nada" y, cuando le preguntaba alguna duda, le respondía que "no se leía las fotocopias". También le contó a sus compañeros que este último policía "era un maltratador" y una "rata".
"Estos hechos no solo se han acreditado indiciariamente por las manifestaciones de los perjudicados, sino también por el testimonio de otros policías", asegura el tribunal sevillano, y por el informe de Evaluación de Riesgos Laborales. Este comportamiento, continúa, "puede ser constitutivo de un delito contra la integridad moral de los policías citados", argumento que utiliza la sala para revocar el archivo del caso que acordó el pasado 9 de octubre el Juzgado número 1 de Sevilla.
Toda persona acosadora o violenta debe ser sancionada por el daño producido tanto a una persona, varias o a una empresa entera. Indirectamente si el daño es producida a una o varias personas, eso puede afectar a toda la empresa porque la victima o victimas no está al 100% con razón, para llevar a cabo su trabajo determinado en dicha empresa. En resumen, al final afecta a la persona o personas y su alrededor, tanto empresa como también familiares y conocidos.
La Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Sevilla ha ordenado al Juzgado de Instrucción número 1 de la capital hispalense que concluya la instrucción que se sigue contra la exjefa del grupo antiviolencia de género de la Policía Local, María Luisa F. G., y proponga juzgarla por un delito contra la integridad moral de sus subordinados.
El alto tribunal sevillano considera que de lo instruido hasta el momento se infiere que "indiciariamente" la apelada, responsable del denominado grupo Diana, "denegaba permisos sin razón objetiva alguna" a sus subordinados y les ocultaba "la celebración de cursos necesarios para realizar su trabajo relativo a la violencia contra la mujer". A una agente, relata la Audiencia Provincial, la llamó "floja", le "tiró los papeles despectivamente a la mesa recriminándole su forma de trabajar" y que "llevara una falda corta".
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"Estos hechos no solo se han acreditado indiciariamente por las manifestaciones de los perjudicados, sino también por el testimonio de otros policías", asegura el tribunal sevillano, y por el informe de Evaluación de Riesgos Laborales. Este comportamiento, continúa, "puede ser constitutivo de un delito contra la integridad moral de los policías citados", argumento que utiliza la sala para revocar el archivo del caso que acordó el pasado 9 de octubre el Juzgado número 1 de Sevilla.
Toda persona acosadora o violenta debe ser sancionada por el daño producido tanto a una persona, varias o a una empresa entera. Indirectamente si el daño es producida a una o varias personas, eso puede afectar a toda la empresa porque la victima o victimas no está al 100% con razón, para llevar a cabo su trabajo determinado en dicha empresa. En resumen, al final afecta a la persona o personas y su alrededor, tanto empresa como también familiares y conocidos.
miércoles, 15 de junio de 2016
La violencia y el “trabajo sexual”
Lejos de la “idílica” imagen que pretende venderse de la prostitución/“trabajo sexual”, hay condiciones de trata, abuso, explotación, enfermedad, violencia y por supuesto tortura ejercida por agentes del Estado en forma de abuso y control del trabajo, sobre las ganancias, del tráfico y la complicidad para no intervenir en aquellos lugares donde se explota a menores de 18 años.
Hace unos días se difundió que era el “Día de la Trabajadora Sexual” con mensajes en su mayoría plagados de sexismo, cosificación y machismo. Frases como “su valioso trabajo” y “esforzadas mujeres”, renovando los debates entre las posturas que defienden el “trabajo sexual” como “un derecho” y el abolicionismo, por considerar que es imposible hablar de una condición de igualdad para las mujeres que realicen este trabajo.
Parafraseando a Catharine MacKinnon: una de las ventajas de la supremacía masculina, junto con el dinero y la expresión y la educación y la respetabilidad, es el acceso sexual a las mujeres, de las cuales “la prostitución” es una forma.
Más allá de esa discusión que no termina, y en la cual asumo una postura abolicionista y coincido en que no hay condiciones para la igualdad en tanto se cosifique el cuerpo de la mujer, en tanto pueda ser “adquirida”. Más allá, está la violencia que prevalece para las mujeres y mujeres trans que han visto en el “trabajo sexual” una forma de vida.
El abuso se agudiza como parte de este sistema heteropatriarcal sobre las mujeres y las mujeres trans; es contra ellas con quienes se recrudecen las más graves violaciones a los derechos de las mujeres “trabajadoras sexuales”, y en este mismo camino se encuentran las mujeres trans y otras personas que se asumen con roles que se identifican como “identidades femeninas”, víctimas de vejaciones, asaltos, explotación sexual a manos de agentes del Estado que ejercen así una forma de tortura.
No sólo se habla de los riesgos en los contextos de este trabajo, de permanecer largas horas en las calles y/o en los lugares donde se realiza el trabajo, sino de los otros peligros y amenazas, de las otras violencias que se viven y que por su condición de vida muchas veces son ocultadas.
¿Una “trabajadora sexual” puede ser violada? Es la pregunta cuya respuesta despierta suspicacias cuando se plantea. No falta quien afirme “si no le pagan”, porque es esa lógica discursiva de violencia contra las mujeres, de no creer en sus palabras.
Si no se cree la palabra de una niña víctima de abuso sexual, mucho menos se cree a una mujer que ha sido víctima de la violencia sexual de su esposo, y qué puede esperar de las instituciones una “trabajadora sexual”.
A eso se suman las “redadas” que la policía realiza. Hay más víctimas de graves violaciones a sus Derechos Humanos, expuestas, golpeadas, humilladas e insultadas, exhibidas –como se hizo durante mucho tiempo– en boletines, notas de prensa o en los “operativos especiales” en los que no cae ningún tratante, pero sí aparecen las mujeres y sus rostros.
Atrás está el sistema de control que les cobra por realizar el trabajo en las calles y que tiene muy bien distribuidas las funciones, las rutas, las cuotas. Es común ver a los policías en sus patrullas darse sus “vueltas” por las calles en las que están “trabajando”, para obtener su parte proporcional de las ganancias que constituyen por supuesto una forma de explotación contra ellas.
Y qué decir de las jóvenes que han sido víctimas de feminicidio, de las que sólo se habla y se menciona en las notas periodísticas que “trabajaba en un bar”, y se da por hecho que se trata de un “crimen pasional” o en el peor de los casos en el que la forma como es difundido reconoce tácitamente que era una actividad de riesgo y que ese podía ser su final.
Se invisibliza que se trata de niñas, menores de edad que “trabajan” en bares en los que supuestamente las instituciones, las autoridades deben hacer operativos, vigilancia, revisiones para evitar que haya menores de edad, y su “trabajo” en estos lugares sale a la “luz” cuando son asesinadas.
El “trabajo sexual” afronta graves riesgos y la escasa atención que se pone a la violencia de género que viven las mujeres que “trabajan”, las mujeres que han sido asesinadas, las que han sido violentadas hasta poner sus vidas en peligro y las que son obligadas a realizar actos que van contra su seguridad. Hay antecedentes de jóvenes que han visto “morir” a golpes a otras, sólo para ser aleccionadas de lo que les puede ocurrir.
Y la violencia está ahí, y es violencia de género.
Aunque en la actualidad, la sociedad ya está más modernizada, todavía hay gente que tiene ideologías de antaño y machistas como en el caso de la entrada de la mujer al mundo laboral. Como en este caso, todavía hay hombres que no quieres la igualdad entre mujeres y hombres y lleva a la violencia hacia ellas y el acoso sexual. Ya han sufrido muchos casos de desigualdad, las mujeres, ya es hora de acabar con esto y con la violencia haría ellas porque tienen derecho igual que los hombres, de pertenecer al mundo laboral porque todos somos iguales.
Lejos de la “idílica” imagen que pretende venderse de la prostitución/“trabajo sexual”, hay condiciones de trata, abuso, explotación, enfermedad, violencia y por supuesto tortura ejercida por agentes del Estado en forma de abuso y control del trabajo, sobre las ganancias, del tráfico y la complicidad para no intervenir en aquellos lugares donde se explota a menores de 18 años.
Hace unos días se difundió que era el “Día de la Trabajadora Sexual” con mensajes en su mayoría plagados de sexismo, cosificación y machismo. Frases como “su valioso trabajo” y “esforzadas mujeres”, renovando los debates entre las posturas que defienden el “trabajo sexual” como “un derecho” y el abolicionismo, por considerar que es imposible hablar de una condición de igualdad para las mujeres que realicen este trabajo.
Parafraseando a Catharine MacKinnon: una de las ventajas de la supremacía masculina, junto con el dinero y la expresión y la educación y la respetabilidad, es el acceso sexual a las mujeres, de las cuales “la prostitución” es una forma.
Más allá de esa discusión que no termina, y en la cual asumo una postura abolicionista y coincido en que no hay condiciones para la igualdad en tanto se cosifique el cuerpo de la mujer, en tanto pueda ser “adquirida”. Más allá, está la violencia que prevalece para las mujeres y mujeres trans que han visto en el “trabajo sexual” una forma de vida.
El abuso se agudiza como parte de este sistema heteropatriarcal sobre las mujeres y las mujeres trans; es contra ellas con quienes se recrudecen las más graves violaciones a los derechos de las mujeres “trabajadoras sexuales”, y en este mismo camino se encuentran las mujeres trans y otras personas que se asumen con roles que se identifican como “identidades femeninas”, víctimas de vejaciones, asaltos, explotación sexual a manos de agentes del Estado que ejercen así una forma de tortura.
No sólo se habla de los riesgos en los contextos de este trabajo, de permanecer largas horas en las calles y/o en los lugares donde se realiza el trabajo, sino de los otros peligros y amenazas, de las otras violencias que se viven y que por su condición de vida muchas veces son ocultadas.
¿Una “trabajadora sexual” puede ser violada? Es la pregunta cuya respuesta despierta suspicacias cuando se plantea. No falta quien afirme “si no le pagan”, porque es esa lógica discursiva de violencia contra las mujeres, de no creer en sus palabras.
Si no se cree la palabra de una niña víctima de abuso sexual, mucho menos se cree a una mujer que ha sido víctima de la violencia sexual de su esposo, y qué puede esperar de las instituciones una “trabajadora sexual”.
A eso se suman las “redadas” que la policía realiza. Hay más víctimas de graves violaciones a sus Derechos Humanos, expuestas, golpeadas, humilladas e insultadas, exhibidas –como se hizo durante mucho tiempo– en boletines, notas de prensa o en los “operativos especiales” en los que no cae ningún tratante, pero sí aparecen las mujeres y sus rostros.
Atrás está el sistema de control que les cobra por realizar el trabajo en las calles y que tiene muy bien distribuidas las funciones, las rutas, las cuotas. Es común ver a los policías en sus patrullas darse sus “vueltas” por las calles en las que están “trabajando”, para obtener su parte proporcional de las ganancias que constituyen por supuesto una forma de explotación contra ellas.
Y qué decir de las jóvenes que han sido víctimas de feminicidio, de las que sólo se habla y se menciona en las notas periodísticas que “trabajaba en un bar”, y se da por hecho que se trata de un “crimen pasional” o en el peor de los casos en el que la forma como es difundido reconoce tácitamente que era una actividad de riesgo y que ese podía ser su final.
Se invisibliza que se trata de niñas, menores de edad que “trabajan” en bares en los que supuestamente las instituciones, las autoridades deben hacer operativos, vigilancia, revisiones para evitar que haya menores de edad, y su “trabajo” en estos lugares sale a la “luz” cuando son asesinadas.
El “trabajo sexual” afronta graves riesgos y la escasa atención que se pone a la violencia de género que viven las mujeres que “trabajan”, las mujeres que han sido asesinadas, las que han sido violentadas hasta poner sus vidas en peligro y las que son obligadas a realizar actos que van contra su seguridad. Hay antecedentes de jóvenes que han visto “morir” a golpes a otras, sólo para ser aleccionadas de lo que les puede ocurrir.
Y la violencia está ahí, y es violencia de género.
Aunque en la actualidad, la sociedad ya está más modernizada, todavía hay gente que tiene ideologías de antaño y machistas como en el caso de la entrada de la mujer al mundo laboral. Como en este caso, todavía hay hombres que no quieres la igualdad entre mujeres y hombres y lleva a la violencia hacia ellas y el acoso sexual. Ya han sufrido muchos casos de desigualdad, las mujeres, ya es hora de acabar con esto y con la violencia haría ellas porque tienen derecho igual que los hombres, de pertenecer al mundo laboral porque todos somos iguales.
viernes, 10 de junio de 2016
Violencia laboral: desigualdad salarial, acoso sexual, ser linda y sin hijos
La Dirección de la Mujer del Gobierno porteño dio a conocer una encuesta cuyo eje fue Mujer y Trabajo. Los resultados muestran las diferencias salariales, situaciones de violencia, como así también la discriminación que sufren las mujeres de los sectores más vulnerables.De acuerdo al Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010, las mujeres ocupadas en el mercado laboral dentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires suman el 51,95%.
Ocho de cada diez mujeres se enfrentaron a una situación de violencia laboral.
Sin dudas para enfrentar lo que se viene es indispensable la organización, en este sentido una herramienta fundamental será la formación de comisiones de mujeres en los diferentes lugares de trabajo y estudio, para continuar con el reclamo de los derechos que aún están pendientes.
Un paro al acoso laboral
EL COMPORTAMIENTO DEL ACOSADOR ES SUTIL
El acoso laboral es la acción prolongada y sistemática de malos tratos ejercida en el ambiente de trabajo efectuada por un superior, supervisor, grupo de empleados o un compañero, que afecta directamente a la víctima causándole un daño, el cual puede ser físico y emocional; así lo define Larissa Lluberes de Sánchez, especialista en violencia.
La asesora legal señala las diversas causas por las cuales una persona o grupo puede cometer este tipo de abuso. Entre ellas destaca la discriminación, la envidia, el querer ocupar el puesto del empleado, las ansias de progreso, amistad con el dueño de la empresa, que el empleador admire su trabajo y note su evolución, y por la razón de que los compañeros que estén bajo su supervisión se sientan amenazados porque éste cumple con todo el rigor de lo establecido en la entidad y ellos no.
Indica que el comportamiento del acosador puede ser tan sutil que nadie en el ambiente de trabajo llega a darse cuenta; y en esta etapa resulta difícil obtener pruebas que demuestren el abuso. Describe que al principio se acerca buscando una amistad; y para ganarse la confianza se muestra amable y hasta solidario. Luego de haber obtenido informaciones y cosas importantes, las usa para atacar.
Informa que a pesar de la sutileza, el hostigador siempre deja huellas y existen una serie de expertos en la materia que logran probar el abuso.
Se puede llegar, en algunos casos, a un acuerdo con el maltratador, a no se que sean varias personas los maltratadores. Lo primero, como victima, en el caso de no poder dialogar y llegar a un acuerdo con el maltratador, debe de buscar ayuda y denunciar el acoso laboral. Segundo, se debe ir al medico por los daños producidos y así poderlos también denunciar llevando el procedimiento legal.
El acosador pagará sus consecuencias, por sus actos, según el grado de daños a la victima será una sanción u otra, pero lo pagará sin vuelta atrás.
La asesora legal señala las diversas causas por las cuales una persona o grupo puede cometer este tipo de abuso. Entre ellas destaca la discriminación, la envidia, el querer ocupar el puesto del empleado, las ansias de progreso, amistad con el dueño de la empresa, que el empleador admire su trabajo y note su evolución, y por la razón de que los compañeros que estén bajo su supervisión se sientan amenazados porque éste cumple con todo el rigor de lo establecido en la entidad y ellos no.
Indica que el comportamiento del acosador puede ser tan sutil que nadie en el ambiente de trabajo llega a darse cuenta; y en esta etapa resulta difícil obtener pruebas que demuestren el abuso. Describe que al principio se acerca buscando una amistad; y para ganarse la confianza se muestra amable y hasta solidario. Luego de haber obtenido informaciones y cosas importantes, las usa para atacar.
Informa que a pesar de la sutileza, el hostigador siempre deja huellas y existen una serie de expertos en la materia que logran probar el abuso.
Se puede llegar, en algunos casos, a un acuerdo con el maltratador, a no se que sean varias personas los maltratadores. Lo primero, como victima, en el caso de no poder dialogar y llegar a un acuerdo con el maltratador, debe de buscar ayuda y denunciar el acoso laboral. Segundo, se debe ir al medico por los daños producidos y así poderlos también denunciar llevando el procedimiento legal.
El acosador pagará sus consecuencias, por sus actos, según el grado de daños a la victima será una sanción u otra, pero lo pagará sin vuelta atrás.
Justicia y Trabajo establece sanciones contra violencia laboral y acoso sexual
El Viceministerio del Trabajo y Seguridad Social reglamentó, mediante la resolución 472, sanciones en casos de violencia laboral o mobbing y acoso sexual en los lugares de trabajo en empresas privadas y dependencias del Estado.
Así queda reglamentado el procedimiento de la Inspección de Seguridad y Salud en el trabajo y se sanciona la violencia laboral, con el fin de garantizar la adopción de medidas preventivas para evitar o minimizar los riesgos laborales sicosociales, que según la OIT afectan en mayor porcentaje a las mujeres, informó el Viceministerio.
La resolución fue firmada por el Viceministro de Trabajo y Seguridad Social, Raúl Mongelós. En la misma se establece que el acosador será sancionado, según el reglamento interno, y eventualmente despedido sin derecho a indemnización.
Igualmente, dispone que, en caso de separación justificada del empleo por parte del trabajador afectado, se aplicará la indemnización prevista en el Art. 85 del Código del Trabajo. Además, será aplicada al empleador una multa de 20 a 30 jornales mínimos, conforme al Art. 391 del C.T.
Esta reglamentación obliga a que las empresas con más de diez trabajadores deban consignarla en el Reglamento Interno, como parte integral de las normas de salud y seguridad en el trabajo.
Según esta resolución, la violencia laboral es la ejercida sobre la trabajadora o trabajador de manera directa mediante actos, comentarios, proposiciones o conductas con connotación sexual o no, mobbing o acoso sexual, no consentidas por la víctima, que impliquen de manera expresa o tácita la amenaza de causarle un perjuicio en caso de negativa en razón de la superioridad jerárquica o funcional de quien comete dichos actos.
"Inclúyese en esta causal el acoso sexual que, en forma indirecta, cause al trabajador un ambiente laboral de naturaleza hostil, intimidatoria, ofensiva y humillante", resalta el informe oficial.
Enfermeras en riesgo Violencia laboral con enfoque de género
Margarita Poblete Troncoso1, Sandra Valenzuela Suazo2
La Enfermería es una profesión que tiene como misión cuidar la vida, es inherente a ella defender el derecho a la vida y respetar los derechos humanos. El código deontológico del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) en el año 2000 invita a las enfermeras a estar alerta frente a las situaciones de violencia, ya que se considera una de las causas más importantes de morbi-mortalidad en el mundo, incluso superando a las enfermedades infecciosas. Más de dos millones de personas mueren cada año a consecuencia de lesiones causadas por la violencia, es la tercera causa de muerte en la población joven (15-44 años), muchos de ellos sobreviven pero quedan con secuelas1.
La violencia es percibida como un problema de salud pública y es preocupante ya que afecta a todos los individuos, adquiriendo múltiples formas y llegando a diferentes ámbitos como la violencia en la mujer, maltrato infantil, violencia intra familiar, violencia sexual y violencia laboral.
El presente trabajo profundizará su análisis en la violencia laboral, poniendo énfasis en el problema de género, considerando que es de reciente interés para la salud pública y escasamente abordado pero que tiene importantes repercusiones en la salud laboral de la mujer.
La violencia en la actualidad es un fenómeno sociocultural que alcanza diversos ámbitos. Uno de ellos es el lugar de trabajo. Aunque este último en general ha sido considerado tradicionalmente como un ambiente relativamente benigno y libre de violencia, nuestra concepción del problema ha evolucionado hacia el concepto de que la violencia laboral no es un problema individual episódico, sino que es un tema estructural estratégico enraizado en factores sociales económicos culturales y organizacionales más amplios, que ha comenzado a preocupar a la sociedad por sus altos costos en salud y en la economía de los países. La mujer, como parte del mundo laboral, está propensa a sufrir violencia de diversa índole, siendo frecuente por sus características de género el acoso sexual, la inequidad salarial y el mobbing, definido como acoso moral. El presente trabajo es una revisión que aborda la violencia laboral que sufre la mujer y su implicación para la enfermería como profesión típicamente femenina.
Margarita Poblete Troncoso1, Sandra Valenzuela Suazo2
La Enfermería es una profesión que tiene como misión cuidar la vida, es inherente a ella defender el derecho a la vida y respetar los derechos humanos. El código deontológico del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) en el año 2000 invita a las enfermeras a estar alerta frente a las situaciones de violencia, ya que se considera una de las causas más importantes de morbi-mortalidad en el mundo, incluso superando a las enfermedades infecciosas. Más de dos millones de personas mueren cada año a consecuencia de lesiones causadas por la violencia, es la tercera causa de muerte en la población joven (15-44 años), muchos de ellos sobreviven pero quedan con secuelas1.
La violencia es percibida como un problema de salud pública y es preocupante ya que afecta a todos los individuos, adquiriendo múltiples formas y llegando a diferentes ámbitos como la violencia en la mujer, maltrato infantil, violencia intra familiar, violencia sexual y violencia laboral.
El presente trabajo profundizará su análisis en la violencia laboral, poniendo énfasis en el problema de género, considerando que es de reciente interés para la salud pública y escasamente abordado pero que tiene importantes repercusiones en la salud laboral de la mujer.
La violencia en la actualidad es un fenómeno sociocultural que alcanza diversos ámbitos. Uno de ellos es el lugar de trabajo. Aunque este último en general ha sido considerado tradicionalmente como un ambiente relativamente benigno y libre de violencia, nuestra concepción del problema ha evolucionado hacia el concepto de que la violencia laboral no es un problema individual episódico, sino que es un tema estructural estratégico enraizado en factores sociales económicos culturales y organizacionales más amplios, que ha comenzado a preocupar a la sociedad por sus altos costos en salud y en la economía de los países. La mujer, como parte del mundo laboral, está propensa a sufrir violencia de diversa índole, siendo frecuente por sus características de género el acoso sexual, la inequidad salarial y el mobbing, definido como acoso moral. El presente trabajo es una revisión que aborda la violencia laboral que sufre la mujer y su implicación para la enfermería como profesión típicamente femenina.
martes, 7 de junio de 2016
Un profesor de teatro en México es acusado de abuso sexual
La Red No Están Solas, conformada por feministas y universitarias, ha dicho que al menos diez víctimas se han atrevido a realizar una denuncia penal
Un director de teatro de la Ciudad de México es acusado de abuso sexual. Felipe Oliva Alvarado, titular de Nosotros Hacemos Teatro, una asociación civil que promueve puestas en escena de temáticas sociales, es señalado de haber ejercido una serie de abusos sexuales, psicológicos y físicos en contra de diversas mujeres, en su mayoría del gremio teatral, durante más de 15 años. La Red No Están Solas, conformada por feministas universitarias, mencionó en un comunicado que hasta el momento al menos diez víctimas se han atrevido a realizar una denuncia penal.
Oliva Alvarado ha sido director escénico en el teatro Enrique Lizalde, así como profesor en la Universidad del Valle de México y la Universidad de Londres, todas ubicadas en la capital mexicana. Según el colectivo feminista, desde esos espacios ha violentado a sus alumnas, trabajadores y a quienes han sido miembros de su compañía teatral y asociación civil. "Felipe Oliva Alvarado viola, acosa, abusa, violenta y explota a actrices, actores y estudiantes que inician su carrera en el arte, aprovechándose de su posición de poder y de la falta de conocimiento por parte de los mismos afectados en la materia y la ilusión de que se les dé una oportunidad para aprender y estar en un escenario", exponen en un comunicado.
El machismo, y sobre todo en estos países, sigue estando presente ,desgraciadamente, en la ideología de algunos hombres y se ven con el derecho de tratar a las mujeres con mucho desprecio. Se sienten por encima de la mujer y llegan a faltar al respeto y producir daños tanto físicos como psicológicos, acosándolas con violencia y aprovechando su empleo para llegar a ellas.
Tras 10 años de vigencia, Ley de acoso laboral no despega
La Ley 1010 de 2006 protege bienes jurídicos de los trabajadores como su intimidad, honra y salud mental, así como la armonía entre quienes comparten un mismo entorno laboral y el mantenimiento del buen ambiente.
Bienes que fueron menoscabados en el suceso en cuestión, como lo señaló la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia, al confirmar la decisión del juez de primera instancia y del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo, que negaron la solicitud del jefe, quien demandó a la empresa al ser despedido por una falta al Código de Ética de la compañía. El fallo de la Corte se dio en julio de 2015, pero solo el 29 de abril se conoció.
Hace pocos meses, esta misma norma salió al ruedo cuando el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, fue acusado de acoso laboral y sexual por su exsecretaria privada, Astrid Helena Cristancho. Sobre él pesaban otras denuncias de septiembre pasado de funcionarios de la Defensoría, quienes aseguraron haber sido acosados laboralmente por él.
Estos casos recientes ponen en evidencia la necesidad de revisar la Ley 1010 de 2006, que sanciona el acoso laboral en el país y que en 2016 cumple diez años de funcionamiento.
El procedimiento previsto en ella para prevenir, corregir y sancionar el acoso laboral carece de instrumentos que hagan efectivos los mecanismos de corrección de este hecho al interior de las organizaciones.
Se deberían de tomar en cuenta cada día más los ataques de violencia en el trabajo, acoso ,como en este caso, y acoso sexual. Cada día desgraciadamente es más común que se produzcan estos conflictos laborales y se deberían de imponer unas normas de carácter fuerte, con sus sanciones correspondientes en el caso de incumplimiento. Hay que poner remedio a estas personas y ayudar a las victimas, ya que perjudica a la salud de ellas y al entorno laboral.
CC OO denuncia nueve procesos abiertos de acoso laboral en la firma auxiliar Jofemesa
S. F. La Federación de Servicios a la Ciudadanía del sindicato Comisiones Obreras (FSC-CC OO) ha denunciado la existencia de nueve procesos abiertos por acoso laboral a otros tantos trabajadores de las empresas de transportes Jofemesa y Jofemene. De hecho, el próximo día 14 está señalado un juicio a este respecto que se celebrará en Gijón. La denuncia, según FSC-CC OO, se refiere a las consecuencias que viven los miembros de la plantilla "por negarse a trabajar con máquinas que no están en condiciones según el propio 'check list' elaborado por Arcelor". Y es que las dos compañías son subcontratas de la gran siderúrgica y se dedican al transporte de mineral y al movimiento de maquinaria.
El acoso laboral o también llamado 'mobbing', desgraciadamente cada vez se ven más casos de dicha violencia. Es una violencia psicológica que se produce de forma sistemática y recurrente durante un tiempo prolongado, a lo largo de semanas, meses e incluso años, y a la misma en ocasiones se añaden "accidentes fortuitos" y hasta agresiones físicas, en los casos más graves. Una situación de acoso durante mucho tiempo puede crear enfermedades psicológicas hasta incluso llevar a la muerte, suicidio.Lo que se pretende en último término con este hostigamiento, intimidación o perturbación, es el abandono del trabajo por parte de la víctima.
viernes, 3 de junio de 2016
ACOSO SEXUAL
El diputado provincial que nos cuesta 15.000€/mes, denunciado por acoso sexual y laboral
Antonio López Martín, el diputado provincial de Ciudadanos en Toledo que nos cuesta 15.000 euros al mes, ha sido denunciado ante la Policía Nacional por un presunto caso de acoso sexual y laboral. La denunciante es María José Navarrete, que llevaba dos años gestionando las redes sociales de Ciudadanos en Castilla La Mancha hasta que fue despedida este mes de abril.
Consultada por EL ESPAÑOL, Navarrete señaló que presentó la denuncia en la comisaría de la Policía Nacional en Toledo hace dos semanas e indicó que ha tomado esta decisión tras meditarlo durante mucho tiempo porque López Martín estaba “jugando” con su trabajo, situación que, según asegura, venía produciéndose desde hace años. Este periódico también ha podido confirmar que al menos un cargo público de C's en esta comunidad autónoma declaró ante la Policía Judicial hace unos días a favor de Navarrete.
Por su parte, el diputado provincial admitió que había sido denunciado. Pero aseguró que el contenido de la denuncia en ningún caso se refiere a acoso sexual y añadió que va a demostrar que todo es falso. López Martín está casado y tiene dos hijas.
El acoso sexual constituye una serie de agresiones, que pueden ir desde molestias hasta serios abusos, y que tienen la finalidad de intentar desencadenar una actividad sexual. Suele tener lugar en el puesto de trabajo, donde la confianza mutua es admitida inicialmente como base contractual para la relación laboral de subordinación, o en otros ambientes donde la voluntad de expresar un rechazo puede verse condicionada por la posibilidad de sufrir reprimenda.
"Lo peor es que mi agresor también era mi paciente y tenía la obligación de atenderle"
En los últimos años, las amenazas y las agresiones a los profesionales sanitarios de Osakidetza han sido una constante. Se trata de un fenómeno emergente, que durante 2014 registró un total de 396 agresiones, contando golpes físicos y violencia verbal. “Los datos serían todavía más alarmantes si los profesionales denunciasen todos los ataques que realmente sufren”, advierten los sindicatos. El personal sanitario tiene 16 veces más probabilidades de sufrir un episodio violento que cualquier otro trabajador.
Y entre la plantilla, las enfermeras y auxiliares son el colectivo más vulnerable al tener un contacto más estrecho y prolongado con los usuarios que acuden a los centros de la red pública. Pero también por ser mujeres. Un total de 323 ataques de los 396 contabilizados tuvieron como víctima a una trabajadora.
En los últimos años, las amenazas y las agresiones a los profesionales sanitarios de Osakidetza han sido una constante. Se trata de un fenómeno emergente, que durante 2014 registró un total de 396 agresiones, contando golpes físicos y violencia verbal. “Los datos serían todavía más alarmantes si los profesionales denunciasen todos los ataques que realmente sufren”, advierten los sindicatos. El personal sanitario tiene 16 veces más probabilidades de sufrir un episodio violento que cualquier otro trabajador.
Y entre la plantilla, las enfermeras y auxiliares son el colectivo más vulnerable al tener un contacto más estrecho y prolongado con los usuarios que acuden a los centros de la red pública. Pero también por ser mujeres. Un total de 323 ataques de los 396 contabilizados tuvieron como víctima a una trabajadora.
Es el caso de Naiara, una enfermera que sufrió violencia física y verbal por parte del familiar de una paciente y lo narra así en el Libro del respeto, una iniciativa impulsada por el Sindicato de Enfermería de Euskadi-Satse con el que trata de sensibilizar a la sociedad sobre este problema. “Acudí al domicilio para una extracción de sangre. La hija de la paciente me estaba esperando indignada porque según ella, yo tenía que haber llegado antes. Cuando le dije que por favor no me gritara, se acercó hacia mí insultándome y amenazándome. Tuve miedo porque estábamos en su casa y yo estaba sola. Me enganchó de la chaqueta mientras me gritaba: ‘voy a poner una queja contra ti. Si no te gusta lo que haces quédate en casa fregando; sois todos unos vagos. Yo tengo cosas que hacer y no puedo estar todo el día esperándote. Si sois pocas que pongan más que para eso pago’. Saque la analítica y me marché llorando de su casa. Luego se me acabó el contrato”.
Se han definido los lugares de trabajo más vulnerables como los servicios sanitarios, entre otros. En el trabajo de sanidad hay mayor índice de violencia debido a que en muchos casos, la vida de las personas está en manos de los profesionales de la sanidad y en el momento de que un paciente sufre algún daño, los familiares de los pacientes tienden a echar la culpa a los médicos y como en casos como este, agreden tanto física como psicológicamente.
VIOLENCIA LABORAL
Trabajadores de Air France agreden a varios directivos de la compañía cuando anunciaban despidos
Decenas de trabajadores de la aerolínea francesa Air France penetraron hoy en la sede del grupo y agredieron a miembros de la dirección en el momento en el que desgranaban su plan de ajuste, que incluye el despido de 2.900 empleados, los primeros de la historia de la compañía.
Mientras que el presidente de Air France, Frédéric Gagey, abandonaba de forma precipitada el lugar al ver entrar a los trabajadores, estos rodearon al director de recursos humanos, Xavier Broseta, a quien desgarraron la camisa.
La dirección condenó hoy esos hechos y anunció que presentará una denuncia por "violencia agravada".
Los sindicatos de la aerolínea habían convocado una jornada de paros que ha tenido poca incidencia en el tráfico de la compañía, y una manifestación en las puertas de la sede social de Air France, situada en las proximidades del aeropuerto parisiense de Roissy-Charles de Gaulle.
En el interior tenía lugar un Comité de Empresa en el que la dirección explicaba a los representantes sindicales sus planes de ajuste, que pasan por la reducción de un 10 % de su oferta de vuelos, lo que se traducirá en la supresión de 2.900 puestos.
La violencia laboral puede producir a la victima daños físicos y también daños psicológicos. Tanto la violencia física como la verbal se consideran agresiones. Nunca una agresión está justificada ya que la violencia podría producir problemas graves a personas tanto en su ámbito de trabajo como en su vida personal dependiendo del grado de daños producidos.
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